Bajo las mantas, tapada, atrapada. Aferrada el borde, casi conteniendo la respiración. ¿Lo oyes? Está entre las paredes, bajo la cama, oculto en las sombras o simplemente en un rincón de mi imaginación. Pero lo he oído; me da nauseas. Desde el momento en que lo pienso me invade una sensación de pánico, y las imagino en todas partes, acechando, conspirando para que no me duerma, porque si lo hago, si lo consigo, seguro que se volverán reales y eso no podría soportarlo. Si me atreviera a encender la luz, si hubiera una luz… ¿Podría? Sí que podría, pero ¿y si han conquistado el interruptor?

Poco a poco. (Inspira). Dos segundos y… ¡Ya! Ya está, ya lo tengo.

Ahora abre los ojos