A mi amigo Ernest no le preocupa la lluvia, además, para ser un pingüino se ha adaptado muy bien a la vida en la ciudad. Por ejemplo, en los días lluviosos siempre coge su paragüas para que el agua no empape los cristales de sus gafas ni la tela de su pajarita. El único problema es que no ve por dónde va, así que si os chocáis con un pingüino por la calle seguramente sea él.